Entrevista: "La madera marcará el futuro de la arquitectura sostenible"
13-03-2026
En un contexto en el que la eficiencia energética, la reducción de emisiones y la circularidad se han convertido en las claves para el futuro del sector constructivo, la madera emerge como la gran apuesta para transformar el modelo. Su capacidad para reducir la huella de carbono, favorecer procesos industrializados y aportar calidad ambiental la sitúan en el centro del debate profesional. Entrevistamos a los directores del nuevo máster en Arquitectura con Madera de la UPC School - Jorge Blasco, Óscar Linares y Emma Sebastià - para entender por qué hoy resulta tan imprescindible contar con profesionales que integren la madera con solvencia técnica, visión ambiental y criterio proyectual.
La arquitectura contemporánea vive atravesada por la exigencia de sostenibilidad. ¿Qué factores ambientales, industriales y económicos explican que hoy la madera sea considerada la apuesta central para el futuro del sector?
La eficiencia energética, la reducción de emisiones y la circularidad ya no son discursos aspiracionales, sino exigencias normativas, económicas, técnicas y también proyectuales. Hoy el marco regulatorio europeo obliga a medir el carbono empleado en la construcción y la vida útil de los edificios; el mercado exige eficiencia en precio y plazo; y el proyecto arquitectónico debe responder a nuevas condiciones ambientales, energéticas y materiales.
En este contexto, la madera reúne condiciones difíciles de igualar. Por un lado, es un material biogénico, renovable, que consume muy poca energía durante su transformación industrial y montaje y que, además, almacena carbono. Por otro lado, se adapta de manera natural a los procesos de preindustrialización y construcción en seco, algo clave ante la actual falta de mano de obra y la necesidad de acortar plazos. Además, es un material saludable, tal y como indican nuestros indicadores biológicos y nuestro bienestar emocional cuando habitamos espacios en los que la madera está presente visual, táctil u olfativamente.
La madera transforma la relación entre el cuerpo, la materia y el espacio. No es simplemente una alternativa técnica, es una respuesta coherente a un nuevo paradigma cultural, energético y proyectual.
Eventos de referencia como REBUILD 2026 sitúan la construcción industrializada y la madera en el centro del debate. ¿Estamos ante una tendencia coyuntural o frente a un cambio estructural del modelo?
Podríamos aventurarnos a decir que la arquitectura entendida como arte de la delimitación espacial nació al mismo tiempo que el uso constructivo de la madera. Los tekton fueron antiguos carpinteros griegos dedicados a la construcción de barcos, actividad que, lógicamente, desarrollaban en madera. Sin embargo, con el tiempo, sus habilidades constructivas fueron transfiriéndose poco a poco a la construcción arqui- tektonica y, si bien inicialmente emplearon sus conocimientos constructivos en la construcción de elementos de cubrición en madera, acabaron finalmente asumiendo la construcción en su totalidad y con todo tipo de materiales.
Por tanto, el uso constructivo de la madera existe desde que existe la arquitectura. Y el momento en el que se produjo su revolución tecnológica moderna fue a principios del siglo XX, cuando el carpintero alemán Otto Hetzer patentó su sistema de madera encolada laminada. Del mismo modo en que la conjunción de hierro y carbono dio lugar al acero moderno o que la conjunción de hormigón y acero dio lugar al hormigón armado actual, la madera necesitó verse sometida a un proceso de laminado y encolado para convertirse en una madera tecnológicamente procesada, capaz de afrontar los retos técnicos y proyectuales actuales.
Por tanto, no estamos ante un invento reciente o coyuntural, sino ante una reactivación histórica de una tecnología madura, en un nuevo paradigma industrial, energético y climático. Mientras que este cambio de paradigma empezó a gestarse hace ya décadas en el centro y el norte de Europa, en nuestro país se está produciendo ahora porque es ahora cuando han confluido nuevas exigencias energéticas, nuevos contextos industriales y nuevos requerimientos arquitectónicos. Además, nuestro particular sistema de licitación de obras favorece la implementación de sistemas preindustrializados abiertos y replicables por distintas empresas, algo que la madera permite mejor que otros modelos cerrados o patentados.
Por tanto, no estamos ante una tendencia coyuntural, sino ante un cambio estructural. Estamos viviendo el momento histórico en el que un material de siempre está adquiriendo una nueva significación.
Cuando analizamos el ciclo de vida -desde la fase de producción hasta el fin de uso-, ¿qué impacto real puede tener la madera en la reducción de emisiones frente a los sistemas convencionales?
Para entender de una manera sencilla el ciclo de vida completo, podemos distinguir tres grandes etapas: el paso de la materia al objeto construido, el uso de este objeto construido (vida útil) y su obsolescencia. Un error común es poner el acento sólo en las dos primeras etapas: la que tiene que ver con la obtención del material, su transformación industrial, su transporte y puesta en obra; y la que tiene que ver con el consumo energético vinculado a su uso.
En lo que respecta a la primera etapa, la madera es especialmente ventajosa porque almacena aproximadamente una tonelada de CO? por metro cúbico. Además, su transformación industrial requiere menos energía fósil que la producción de acero u hormigón, ya que las plantas de cemento y acero están intrínsecamente ligadas a procesos altamente emisivos, mientras que la transformación de la madera, en cambio, puede integrarse en lógicas energéticas mucho más eficientes y renovables (tenemos casos en nuestro país en los que los residuos derivados de la transformación industrial de la madera se emplean como fuente de energía en forma de biomasa, tanto para dar servicio a las propias instalaciones como a pequeños núcleos urbanos colindantes). Pero más allá del dato cuantitativo, hay una dimensión cualitativa que no se nos debe escapar: estar en un aserradero o en una nave de transformación maderera es una experiencia muy distinta -mejor- que estar en una planta de clinker o de acero: no es solo una cuestión ambiental, sino que tiene que ver con lo que percibimos como entorno saludable en términos científicos y culturales. La madera conecta producción y territorio, recurso y paisaje, y eso lo percibimos consciente e inconscientemente.
La etapa intermedia del ciclo de vida, la que tiene que ver con el uso del edificio, está directamente vinculada a su consumo energético, especialmente -aunque no solo- en la producción de clima e iluminación. Aquí resulta fundamental que el proyecto haya implementado desde su concepción estrategias climáticas pasivas, incorpore materiales adecuados, utilice equipos de producción altamente eficientes y, también, que el usuario entienda que tiene que moldear sus estándares de confort. A esta etapa se le está prestando, también una atención especial.
Sin embargo, la etapa más desatendida es la última, la que tiene que ver con la fase de obsolescencia del edificio. A tal efecto, es didáctico recurrir a la distinción que se hace, en el ámbito de la ganadería, entre excremento y estiércol. Esta distinción no tiene una base biológica, sino funcional y cultural, puesto que el primero se refiere a un molesto residuo orgánico expulsado por un animal del que hay que deshacerse, mientras que el segundo es considerado un valioso recurso que permite reciclar (es decir, reiniciar el ciclo) ganadero fertilizando el campo, que alimenta al animal, que produce el estiércol. La diferencia entre el primero y el segundo está en la gestión y el propósito. En este sentido, llevamos décadas concibiendo los restos obsoletos de los edificios como excrementos técnicos, como algo de lo que deshacerse en un vertedero, pero tenemos la oportunidad de concebirlos como estiércol constructivo. Esta reciclabilidad es aplicable, de un modo u otro, a casi todos los materiales constructivos; pero en el caso de la madera, debido a su origen biológico, es especialmente favorable. Si incorporamos el ciclo completo, desde el bosque hasta el desmontaje, la madera permite concebir el edificio como un futuro banco de materiales reutilizables y no como u montón de futuros residuos. Además, la madera es un material especialmente útil en rehabilitación, por su ligereza y fácil trabajabilidad, hecho que la hace especialmente indicada para alargar la vida de edificaciones ya existentes.
¿Existen hoy marcos normativos y avances tecnológicos suficientes en Europa para consolidar la madera como sistema estructural competitivo también en proyectos de media y gran escala?
La noción de escala puede entenderse aquí en dos niveles: constructiva e industrial.
A escala constructiva, la madera no debe competir directamente con el hormigón o el acero en igualdad mecánica. Tiene propiedades distintas y exige pensar el proyecto desde sus propias leyes. La rivalidad directa por sustitución es una primera fase de cambio de paradigma material que ya se ha producido en anteriores ocasiones durante la historia de la arquitectura y que tiene un recorrido corto. Pero como hemos visto antes, los avances no se producen por sustitución, sino por hibridación: el futuro probablemente pase por relaciones híbridas más complejas y ricas, en las que cada material -el hormigón, el acero y la madera- aporte lo mejor de sí mismo en las proporciones adecuadas. En Europa, las estructuras híbridas, las combinaciones materiales, son ya una realidad consolidada.
A escala productiva e industrial, que es a lo que se refería realmente la pregunta, el reto es mayor. Nuestro país debe ser capaz de gestionar sus bosques productivos combinando eficiencia y responsabilidad y, al mismo tiempo, debe desarrollar una industria -propia y apropiada- capaz de transformar madera en volumen y velocidad suficientes. Estamos en este momento. Y en este proceso, los técnicos -no solo arquitectos, también ingenieros y responsables industriales- son fundamentales.
A medio plazo, ¿qué tipo de perfil profesional demandará el mercado para impulsar proyectos en madera? Más allá de lo técnico, ¿qué cambio de mentalidad exigirá trabajar en este nuevo modelo constructivo?
En apenas un siglo hemos pasado de una relación casi artesanal entre arquitectos, fabricantes y constructores, a una relación mediada por el catálogo y la producción en masa. Durante décadas, la gestión de recursos y materiales se ha movido casi exclusivamente por lógicas de optimización económica, derrochando ingentes cantidades de materia y energía.
Hoy, en un contexto de emergencia climática, la gestión de recursos y energía se convierte en una cuestión central, de carácter casi ético. Esto va a transformar la relación entre arquitectura e industria. La industria deberá ofrecer soluciones preindustrializadas, pero adaptables, en las que la optimización energética y material sea un parámetro más del proyecto. A su vez, el proyectista deberá interiorizar los condicionantes industriales, energéticos y logísticos en la concepción del proyecto.
En este sentido, el uso de la madera está siendo simultáneamente causa y efecto de este cambio de mentalidad. Quien proyecta en madera debe conocer sus dimensiones, sus procesos, su disponibilidad territorial, su trazabilidad, etc. Y estas lógicas acabarán trasladándose, irremediablemente, también a otros materiales de proyecto.
En octubre empezáis la primera edición del máster en Arquitectura con Madera. ¿Qué necesidades de talento en el sector detectasteis que os llevaron a impulsar este programa?
Por decirlo de una manera provocativa, detectamos que no falta técnica, sino que faltan técnicos. La industria dispone de sistemas avanzados y conocimiento acumulado. Sin embargo, muchas empresas del sector se han visto obligadas a asumir el riesgo de desarrollar técnicamente proyectos porque los prescriptores y proyectistas no dominan suficientemente la técnica de la madera. Esto genera inseguridad: la industria invierte sin garantía de adjudicación y los promotores perciben una incertidumbre que, en muchos casos, no es real, sino derivada del desconocimiento. La conjunción de falta de control técnico e incertidumbre deriva, en no pocos casos, en que en muchos proyectos se descarte la madera en fases avanzadas.
El máster nace para reducir esa brecha, con la voluntad de formar profesionales que sean capaces de incorporarse e impactar en cualquiera de los agentes que participan en el proceso: la industria, los promotores, las oficinas técnicas, las ingenierías, los estudios de arquitectura, las constructoras, etc.
El programa se articula desde una triple mirada Técnica, Industria y Proyecto . ¿Por qué era fundamental abordar la madera de manera integral y no únicamente desde su dimensión técnica ?
Como hemos comentado anteriormente, la clave no está en enseñar solo un conjunto de técnicas y conocimientos a aplicar por añadidura a una manera de pensar ajena y prefigurada, sino en transformar la propia manera de concebir la arquitectura y la construcción. El uso de la madera, con sus características y sus limitaciones, obliga a desarrollar esta manera de pensar porque de lo contrario no exprime sus posibilidades. Por tanto, el uso de la madera no debe reducirse a la mera aplicación de un material.
Consideramos que el conocimiento técnico en torno a la madera es fundamental, diríamos incluso que imprescindible; pero, al mismo tiempo, por sí solo, es insuficiente. Si se aborda de manera fragmentada, solamente desde el cálculo o el detalle, pierde su potencia transformadora.
El Máster de Arquitectura en Madera de la UPC habita el espacio que conforman tres vectores: la industria -obtención y transformación de la materia-, la técnica -estructural y constructiva-, y el proyecto arquitectónico -como proceso, no como resultado-. Y esta manera de pensar se traduce en una triple codirección formada por Emma Sebastia (Industria), Jorge Blaco (Técnica) y Oscar Linares (Proyecto).
Trabajar con la madera como material constructivo exige una estrecha coordinación entre diseño, cálculo, industria y montaje. ¿Cómo se traslada esta lógica colaborativa a la metodología del máster?
El máster se inicia con un primero módulo de Fundamentos, a través del cual se presentan las propiedades materiales e industriales de la madera, los tipos de madera, la gestión del bosque, etc. Este primer módulo da paso a otros tres, que se desarrollan en paralelo, en los que se forma al alumno en el ámbito de la construcción (diseño de sistemas y uniones), la estructura (dimensionado y cálculo de estructuras y uniones) y el proyecto (a distintas escalas). Esta formación transversal se complementa con una oferta de asignaturas optativas que sirven para profundizar en los distintos intereses que puedan tener los alumnos, como la intervención en arquitecturas existentes en madera, la bioconstrucción, el desarrollo técnico a nivel de planos de taller de proyectos en madera o incluso el trabajo manual en madera en el propio taller, en el que se pretende que los alumnos don titulación universitaria (futuros prescriptores) entren en contacto, también, con otros técnicos y profesionales del sector (montadores, industriales). Por último, el TFM sirve para sintetizar todas estas cuestiones a través del desarrollo técnico de un proyecto.
Por tanto, no se trata de bloques aislados, sino de cuestiones que dialogan y se complementan constantemente. El alumno aprende a tomar decisiones proyectuales entendiendo sus consecuencias estructurales e industriales. Comprende cómo la transformación industrial condiciona dimensiones, logística y montaje. Y entiende cómo el proceso constructivo retroalimenta el diseño. Incorporamos industria real, casos construidos y lógica de proceso. No enseñamos piezas sueltas, sino sus relaciones.
El enfoque Learn by Building y las sesiones prácticas presenciales son parte esencial del programa. ¿Qué aporta esta experimentación material directa en la formación de los profesionales?
El proceso de aprendizaje suele basarse en la (re)creación de situaciones verosímiles que enfrentan al alumno con lo que será su realidad profesional futura. Esto es así porque es un método eficiente en muchos aspectos y, además, permite reproducir situaciones difíciles de reproducir de manera real. Pero también tiene sus limitaciones. El gran riesgo es que esta experiencia de aprendizaje se quede en un plano demasiado abstracto si no existe contacto directo con la realidad, y que como consecuencia de ello el estudiante no sea capaz de vincular lo que aprende con la realidad de lo que se encontrará fuera. En un máster de formación continua, ese riesgo es menor, ya que muchos de los estudiantes ya tienen un bagaje profesional suficiente, pero es probable su bagaje no incluya la experiencia directa con la madera.
Con otros materiales, como por ejemplo el hormigón o el acero, la relación entre diseño, producción y puesta en obra, o entre dimensionado y comportamiento mecánico, no es intuitiva. Pero con la madera, la relación es inmediata y sensorial. La madera funciona mediante adición y ensamblaje, y en ese sentido su experiencia directa transforma la forma de pensar y proyectar. A diferencia de otros materiales de origen mineral, la madera se siente, se huele, se toca, se conoce mediante experimentación directa. De repente, ese contacto directo da un nuevo sentido a lo aprendido a través de las sesiones teóricas o los casos de estudio. El learning by building no es un complemento práctico, sino un momento clave en el que la técnica deja de ser información para convertirse en comprensión.